Un Poco de Historia

25.jpg

En México, al igual que en otras naciones, a mediados del siglo XIX las órdenes religiosas femeninas (la agustina, la carmelita, la concepcionista, la dominica, la franciscana, la del Salvador y la Compañía de María), atravesaban por serios problemas, pues mediante la Ley de consolidación de vales reales, emitida en 1804, la Corona obligó a los conventos a entregar el dinero que tenían en el arca, el producto de la venta de sus propiedades y las escrituras de los capitales.

Acercándonos a la Historia

Las órdenes religiosas enfrentaron el problema de la disminución del ingreso de aspirantes, con lo que se fue reduciendo el número de monjas que habitaban los conventos.

El problema se acentuó cuando en 1859 el gobierno vetó la entrada de novicias y, más aún, cuando en 1863 cuando se prohibió la existencia de comunidades religiosas femeninas. 

Obligadas a vivir en la clandestinidad, era aún más difícil captar a nuevas voluntarias, además de que era imposible que las jóvenes que se habían unido a las monjas celebraran su ceremonia de profesión. Así, en el año de 1872 nació la primera congregación mexicana de vida activa, a la que se dió el nombre de las Hijas de María del Señor San José. 

En 1874, tan solo dos años después de su fundación, tras un acalorado debate en la Cámara y en el contexto de la adición de las llamadas Leyes de Reforma a la Constitución de 1857, se decidió expulsar a las Hermanas de la Caridad. Las josefinas no sólo adoptaron su apostolado y su esquema organizativo, además se hicieron cargo de algunos de sus establecimientos y varias religiosas paulinas se unieron a ellas. Pero, sobre todo, cubrieron el espacio que había quedado vacante. Por todo ello se les empezó a llamar las Hijas de la Caridad Mexicanas.

edificio png.png
LOGO PNG.png

Surge una Congregación

José María Vilaseca, quien era miembro de la Congregación de la Misión y confesor de las Hermanas de la Caridad, comenzó a ver con preocupación cómo se expandían las escuelas protestantes. Estos centros contaban con muchos alumnos, pues además de ofrecerles educación gratuita brindaban apoyo económico a los niños que lo necesitaban. 

Para detener esta expansión decidió fundar escuelas católicas que igualaran la oferta de las protestantes y encargó el proyecto a mujeres pertenecientes a las Hijas de María, asociación que estaba bajo su dirección y que había sido fundada en el año de 1865 por las Hermanas de la Caridad. Las Hijas de María parecían ser ideales para promover esta idea, pues se trataba de “una unión espiritual establecida con el fin de lograr la gloria de María por medio de la mujer”.

Sus guías estaban convencidos de que “viviendo según la práctica de esta pía unión, las doncellas acertarán en la elección de estado, las casadas serán fieles esposas y verdaderas y cuidadosas madres, y las viudas pondrán en práctica las grandes virtudes que les encarga San Pablo”. 

Sin embargo el proyecto no tuvo éxito. Convencido de que el fracaso se debía al hecho de que las Hijas de María no contaban con una adecuada formación religiosa ni pedagógica, José María Vilaseca pensó en la conveniencia de fundar una congregación femenina preparada para la educación.

Deseaba también que las religiosas de esta nueva comunidad se abocaran a la tarea de socorrer a las prostitutas e intentar que abandonaran ese camino, pues como capellán del Hospital de San Andrés de Dios había presenciado las penurias físicas, morales y espirituales de las mujeres que al prostituirse habían caído víctimas de enfermedades venereas.

Dispuesto a eregir un instituto femenino, escogió como fudadora a una mujer que era miembro de las Hijas de María y cuyo nombre era Cesárea Ruiz de Esparza y Dávalos. El primer paso fue alquilar una casa en la calle de San Felipe de Jesús (actualmente calle de Regina número 72), y a la que el 22 de septiembre de 1872 se trasladó la fundadora. Por ello, esta fecha marca el nacimiento del Instituto de las Hijas de María del Señor San José.

20150717_171013.jpg

Identidad de las Hermanas Josefinas

Somos una congregación fundada el 22 de septiembre de 1872, en la ciudad de México, en esos días el pais atravesaba momentos críticos ocasionados por los cambios que surgieron con la promulgación de las "Leyes de Reforma" de 1857 .

Un poco más de Historia

26.jpg

El País vivía momentos de confusión; algunos aceptaban pasivamente los sucesos por entender lo que era la “reforma”, otros se revelaban y promovían revueltas y brotes de inconformidad aquí y allá.

La Iglesia sufrió gravemente las consecuencias de la “reforma”, pues fue desposeída de sus bienes; muchos conventos saqueados y destruidos; y los sacerdotes, religiosos y religiosas desterrados, aprisionados o fusilados.

Obedeciendo a los deseos del Padre Vilaseca, el 22 de septiembre de 1872, cuatro Hijas de María, acompañadas por Cesárea Ruiz de Esparza y Dávalos, se mudaron a una pequeña casa y fundaron la primera escuela. Esta fecha marca el nacimiento del Instituto de las Hijas de María del Señor San José.

El Arzobispo de México, Don Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, brindó un decidido apoyo a la comunidad y regaló a las josefinas su primera casa. Asimismo, las exhortó a consagrarse al servicio de Jesús, María y José, dedicándose a la enseñanza y practicando la caridad entre los necesitados. 

 

El pueblo creyente quedaba solo, sin guías para su fe, sometido a la más profunda ignorancia y a merced de “información” que lo confundía.

La educación laica establecida en el artículo tercero de la Constitución, quitaba a los niños y jóvenes la oportunidad de una educación cristiana.

Los hospitales antes en manos de religiosas, quedaban ahora bajo la tutela de un gobierno “anticristiano” ¿Cómo sería la atención al enfermo, sin el impulso evangélico de la caridad?

20150717_145135.jpg
1.jpg

En este contexto nació el Instituto Josefino, primera Congregación religiosa de nuestro país. El fundador del Instituto fue el Padre José María Vilaseca, miembro de la Congregación de la Misión.

Para establecer la rama femenina se dirigió a Cesárea Ruiz de Esparza y Dávalos, miembro activo de la Asociación de las Hijas de María.

Al hacerlo, el Padre Vilaseca perseguía dos objetivos: en primer lugar, los protestantes habían establecido escuelas gratuitas que captaban un considerable número de alumnos, por lo que deseaba fundar escuelas gratuitas donde las niñas recibieran una educación católica y al mismo tiempo detener la expansión de los centros protestantes. 

En segundo lugar, quería abrir casas de regeneración para mujeres pecadoras, pues como capellán del Hospital de San Andrés había presenciado las penurias físicas y espirituales de las prostitutas.

Durante el porfiriato las josefinas tuvieron una enorme ingerencia en los campos de la beneficencia, la salud pública y la educación femenina.

De hecho, para comprender la sociedad porfiriana debemos necesariamente estudiar el papel de las congregaciones religiosas y, entre ellas, ocupando un lugar importante, la Congregación de las Hijas de María del Señor San José.